La especie humana se divide en dos : los ricos y los que aspiran a serlo.
Hoy, la respetabilidad del hombre se mide por el dinero que lleva a casa. No hay duda de que el tamaño es el baremo de la respetabilidad; no me refiero al tamaño del miembro (eso es un falso mito), sino al tamaño de la cartera. Los grandes hombres, sin duda, son los que la tienen más grande. Esos grandes hombres, de los que se duda si llegaron a sacar el graduado escolar, son los prohombres de la patria. Ahí está el modelo de hombre poderoso e influyente: Emilio Botín, (sólo le sobra el apellido, que le etiqueta certeramente).
Hoy, la respetabilidad del hombre se mide por el dinero que lleva a casa. No hay duda de que el tamaño es el baremo de la respetabilidad; no me refiero al tamaño del miembro (eso es un falso mito), sino al tamaño de la cartera. Los grandes hombres, sin duda, son los que la tienen más grande. Esos grandes hombres, de los que se duda si llegaron a sacar el graduado escolar, son los prohombres de la patria. Ahí está el modelo de hombre poderoso e influyente: Emilio Botín, (sólo le sobra el apellido, que le etiqueta certeramente).
Mientras tanto, la gran mayoría nos ahogamos en un sinvivir, porque la tenemos pequeña.
La cartera es nuestro lado más sensible. Las terminaciones nerviosas que llegan hasta nuestra cartera están a flor de piel. Se trata de la parte más excitable de nuestro cuerpo. Es por ello que llevamos tan mal que nuestro vecino la tenga más grande. Y eso explica también que miremos con lupa el tamaño de la de nuestros concejales. Porque si, además del vecino, también la tienen más grande nuestros concejales, entonces es para pegarse un tiro en la pierna. Definitivamente, la frustración hace mella en los pobres si comprueban que con el dinero del común, también sus gobernantes llevan más dinero a casa. La frustración desemboca en neurosis si no se le busca una salida, una válvula de escape. Es por eso que los ricos inventaron el fútbol. (los ingleses sólo inventaron un divertimento que se parecía al fútbol). El fútbol como terapia es un invento de la ricocracia. Sólo el fútbol ha demostrado su eficacia contra la frustración de tenerla pequeña. Pero, como todas las drogas, crea adicción; y se necesita consumir cada vez más para lograr los mismos efectos. Esto explica que , además de la Liga, la Copa, la Eufea y la Champions, ahora nos endiñen al tratamiento un ansiolítico más: la Premiere league; porque los lunes y los martes no tomábamos nada y se nos hacía cuesta arriba...
Pero para la frustración que nos generan nuestros políticos, que también la tienen más grande, hubo que inventar un tratamiento de choque: ... las fiestas patronales
Pues sí, aunque esto es una conclusión provisional, y a la espera de investigaciones más concluyentes que lo confirmen, las fiestas patronales son un invento de nuestros gobernantes; un tratamiento de efecto rápido; un tratamiento intensivo de cinco días, equivalente a una liga completa, por el cual, mediante catarsis sanadora, conseguimos remover y expulsar los cúmulos de energía negativa (léase mala ostia) que bloquean nuestro organismo ante la frustración, a la vista de la cartera de cualquier concejal.
Acabadas las fiestas, el cuerpo ha sanado; se ha liberado de sus demonios y queda limpio para seguir ganando dinero sin complejo de inferioridad.
Enviado por "Echador de cartas"